Para buscar sus antecedentes nos tendríamos que remontar unos siglos atrás en la historia. Empezaríamos investigando sobre el asalto a la bastilla y nos prolongaríamos hasta las crueles revoluciones de corte comunistas y fascistas, e incluso, no pudiéramos dejar de mencionar las revueltas africanas y asiáticas de nuestra sangrienta historia, aunque la arrogancia de los que ignoran, quisieran buscar sus orígenes en el cristianismo primitivo, cosa que es totalmente falsa ya que si Jesús el Nazareno, de hecho fue un revolucionario de la historia del mundo, nos resultaría absurdo encajonarlo en los estrechos patrones ideológicos contemporáneos que han suscitado los regímenes mas sangrientos y equivocados de la historia.
Esta concepción moderna de la revolución se nutre y se orienta en condiciones de los trastornos sociales del individuo como elemento principal del pueblo y estos a su vez, de la estructura gubernamental del estado.
Se nos presentan aquí dos incógnitas: ¿Quién fue primero el pueblo o el estado? o superior aún ¿Los individuos o el pueblo? Indiscutiblemente los individuos; entendiéndose por estos, Hombre-Mujer, (célula fundamental de la sociedad) y posteriormente el pueblo, que es este, el generador del estado en sentido amplio, lo que pasa, es que el mismo pueblo desconoce su poder de ciudadanía frente a los desideratos de los representantes que ellos consciente y generalmente inconscientemente o por falta de conocimiento han colocado como representantes de la administración publica.
Para nadie es un secreto que el trasfondo de toda revolución, es sinónimo de oportunismo proselitista para mantenerse en el poder directa o indirectamente de manera vitalicia, los que gobiernan, esto es irrefutable.
A si mismo, cabe resaltar de que este proceso es el producto de una historia romántica, de lo que son nuestras dictaduras y democracias civiles y militares, hasta la saciedad, lo cual ha generado modernas formas dictatoriales, a veces, absolutistas, totalitarias y expansionistas en el continente, siendo este un experimento que ya ha demostrado hasta el cansancio, ser un fatal fracaso para el progreso de un país y especialmente para las personas que lo conformamos.
También es fácil ver otro factor determinante en las personas, de cobardía enmascarada, por todos lados, producto del desconocimiento de sus potencialidades, físicas, mentales y hasta espirituales y este es; el silencio tradicional y hasta de forma religiosa de las generaciones que se posicionan en cargos públicos o privados, de cualquier ámbito con la triste y única justificación, de cuidar el mal pagado puesto de trabajo, ya que es este, el único oficio para el cual se sienten capaces de servir. Cosa que nos indica lo incompetentes y vasallos que somos a la hora de dirigir o ejercer cualquier función administrativa.
Cosa que es lógica por estas tierras, ya que nos caracterizamos por tener países poco industrializados y monoproductores, debido a políticas tradicionalistas de gestión y de administrar el poder publico; que siempre terminaran beneficiando a las cúpulas emergentes de nuestra sociedad. Donde difícilmente nos brindarían los representantes del país, un abanico de oportunidades y desiciones en que y en donde deseemos laborar , sino que muy sumisamente nos conformamos con lo que allá en el mercado de empleo o oficio a desempeñar; ya que actuar de forma distinta en muchos casos nos calificaría de poco ” inteligentes” y de seres obstinados y antisociales, todo un absurdo, y en el mejor de los casos pensarían de que no tuvimos suerte, cosa que también es falsa, ya que esto que la gentes llama mala suerte, no es generalmente eso, sino la carencia de alternativas que existen para la subsistencia de forma armoniosa en sociedad.
Esperamos desde este espacio que estas breves reflexiones sirvan de impulso consciente a las generaciones que se encumbran al éxito, y por ultimo los invitamos a reconstruir la historia.
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