Corresponde al inmortal Sócrates, dice la obra de Platón, la gloria de haber fijado los Principios de la Política usual. De Egipto, según Heródoto, pasó esta ciencia a Grecia y Roma y ha todo lo que es hoy día el mundo moderno. En Alejandría se condensaron los mayores postulados de política y todas las ciencias conocidas y desconocidas también, lamentablemente gran parte de esos manuscritos se perdieron en la noche profunda de los siglos pasados y ahora sólo nos queda el residuo, la síntesis de tan elevadas ciencias.
Los griegos sabios tuvieron respeto al semejante misterio de la comunicación del hombre con seres superiores, todo un poema simbólico, en el que, de mano maestra, se nos traza la historia de la edad de oro, esa edad cuya reminiscencia se halla como idea innata en todos nosotros, y cuyo recuerdo consta históricamente en todos los grandes libros religiosos, tales como la Biblia, El Bhagavad Gita, El Corán, entre otros, edad dorada en la que los Hombres y los Dioses se entendían directamente, sin necesidad de intermediario alguno. Estos dioses recibían de aquéllos el debido homenaje a su paternal excelsitud, y los hombres primitivos, en cambio, obtenían para sus mentes infantiles la necesaria protección, guía y enseñanza, de los dioses jinas o ángeles, ni más ni menos (‘oh divina ley de la analogías que acontece en particular a cada niño con sus padre'), hasta que alcanza la edad de valerse por sí mismo.
También es sabido que en la América Prehispánica, se encontraban en esas regiones un conjunto de civilizaciones altamente instituidas con excelsas políticas emanadas directamente según las tradiciones de un orden netamente espiritual, donde no había posibilidad de acceder al trono sino era por los meritos del corazón, que poseyera el líder o promisorio Rey.
Semejante idea revolucionadora condujo a varios filósofos a concebir, la moderna espiritualización de la política. Hacia los siglos XIV; XV; XVI; XVII; otra forma del que hacer político, se nos presenta al cual hemos llamado, idealismo, iluminismo, Renancentismo, Revolución Social, Nuevo Orden, entre otros, y en la cual se prescinde del famoso Rey y su reinado por una forma mas independentista y libertaria como los son las republicas democráticamente constituidas.
Así fue como comenzó todo, en el mundo de materia tridimensional conocido, bajo la sombra del hiperespacio, sin las manifestaciones de ese mundo paralelo del cual hablan todas las culturas del planeta, no hubiera podido ser posible el conocimiento de ninguna ciencia, ni mucho menos, cualquier organización humana en la tierra, todo lo que somos, fuimos y debemos ser, se lo debemos a la omnisciente providencia del mundo espiritual.
No cabe duda que desde siempre han habido pugnas por borrar de la consciencia humana la sola y única idea de la existencia de eso que se llama el mundo del espíritu donde lo que se conoce como la materia es tan solo el traje de lo anímico y espiritual de todo lo existente.
Es contradictoria y egoísta para las religiones y sus representantes la idea de haberse construido un único Dios antropomórfico y velar el mundo espiritual y su organización de forma tal que parezca casi imposible ser coparticipe de esa realidad en vida, prometiéndonosla para después de esta “única vida” como recompensa, si cumplimos con los mandamientos y el diezmo a la institución material, cuestión esta que no deja de ser un absurdo a la luz de la verdad.
Es necesario que las nuevas generaciones de la ciencia política, así como se han adentrado a estudiar la conducta humana, la psiquis, hagan también estudios a fondo del espíritu de la política, para que de esta manera se adentren más a los estudios del mundo espiritual y de sus hados, mundo fenomenológico para nosotros los mortales, pero que no deja de ser influyente en los designios de los pueblos y sus gobernantes.
Es un error inconcebible pretender hacer vida política divorciándose de los principios inteligentes que se encuentran armonizados con las leyes y las organizaciones humanas desde el principio de la raza universal hasta nuestros días.
Esta separación del humano, del vínculo espiritual es el que ha creado toda la desorganización en la cual se encuentra inmersa toda la sociedad, es necesario que el individuo retome su cause primogénito y se rectifique hasta el punto de lograr él con la consciencia y la voluntad cristica, el poder entablar un dialogo íntimo con la plena realidad del Ser, que cada persona posee como chispa inmortal del mundo espiritual que nos solicita.
ALBERT E. GEOVO L
Los griegos sabios tuvieron respeto al semejante misterio de la comunicación del hombre con seres superiores, todo un poema simbólico, en el que, de mano maestra, se nos traza la historia de la edad de oro, esa edad cuya reminiscencia se halla como idea innata en todos nosotros, y cuyo recuerdo consta históricamente en todos los grandes libros religiosos, tales como la Biblia, El Bhagavad Gita, El Corán, entre otros, edad dorada en la que los Hombres y los Dioses se entendían directamente, sin necesidad de intermediario alguno. Estos dioses recibían de aquéllos el debido homenaje a su paternal excelsitud, y los hombres primitivos, en cambio, obtenían para sus mentes infantiles la necesaria protección, guía y enseñanza, de los dioses jinas o ángeles, ni más ni menos (‘oh divina ley de la analogías que acontece en particular a cada niño con sus padre'), hasta que alcanza la edad de valerse por sí mismo.
También es sabido que en la América Prehispánica, se encontraban en esas regiones un conjunto de civilizaciones altamente instituidas con excelsas políticas emanadas directamente según las tradiciones de un orden netamente espiritual, donde no había posibilidad de acceder al trono sino era por los meritos del corazón, que poseyera el líder o promisorio Rey.
Semejante idea revolucionadora condujo a varios filósofos a concebir, la moderna espiritualización de la política. Hacia los siglos XIV; XV; XVI; XVII; otra forma del que hacer político, se nos presenta al cual hemos llamado, idealismo, iluminismo, Renancentismo, Revolución Social, Nuevo Orden, entre otros, y en la cual se prescinde del famoso Rey y su reinado por una forma mas independentista y libertaria como los son las republicas democráticamente constituidas.
Así fue como comenzó todo, en el mundo de materia tridimensional conocido, bajo la sombra del hiperespacio, sin las manifestaciones de ese mundo paralelo del cual hablan todas las culturas del planeta, no hubiera podido ser posible el conocimiento de ninguna ciencia, ni mucho menos, cualquier organización humana en la tierra, todo lo que somos, fuimos y debemos ser, se lo debemos a la omnisciente providencia del mundo espiritual.
No cabe duda que desde siempre han habido pugnas por borrar de la consciencia humana la sola y única idea de la existencia de eso que se llama el mundo del espíritu donde lo que se conoce como la materia es tan solo el traje de lo anímico y espiritual de todo lo existente.
Es contradictoria y egoísta para las religiones y sus representantes la idea de haberse construido un único Dios antropomórfico y velar el mundo espiritual y su organización de forma tal que parezca casi imposible ser coparticipe de esa realidad en vida, prometiéndonosla para después de esta “única vida” como recompensa, si cumplimos con los mandamientos y el diezmo a la institución material, cuestión esta que no deja de ser un absurdo a la luz de la verdad.
Es necesario que las nuevas generaciones de la ciencia política, así como se han adentrado a estudiar la conducta humana, la psiquis, hagan también estudios a fondo del espíritu de la política, para que de esta manera se adentren más a los estudios del mundo espiritual y de sus hados, mundo fenomenológico para nosotros los mortales, pero que no deja de ser influyente en los designios de los pueblos y sus gobernantes.
Es un error inconcebible pretender hacer vida política divorciándose de los principios inteligentes que se encuentran armonizados con las leyes y las organizaciones humanas desde el principio de la raza universal hasta nuestros días.
Esta separación del humano, del vínculo espiritual es el que ha creado toda la desorganización en la cual se encuentra inmersa toda la sociedad, es necesario que el individuo retome su cause primogénito y se rectifique hasta el punto de lograr él con la consciencia y la voluntad cristica, el poder entablar un dialogo íntimo con la plena realidad del Ser, que cada persona posee como chispa inmortal del mundo espiritual que nos solicita.
ALBERT E. GEOVO L
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