El Sagrado Corazón de Jesús

Este icono nos recuerda a un maestro templario superior de la orden del santo grial, su corazón encendido con la cruz puesta encima nos muestra como se matan las pasiones a través de los distintos procesos del fuego, iluminándose la cumbre del alma a través de la santa cruz.

Todo en el es respeto y solemnidad, su capa y su cayado nos muestra la jerarquía de un maestro de impresionante valor espiritual, las manos aun con los estigmas de la crucifixión, revelan claramente la resurrección del hombre, su vestidura roja , lo apasionado que en el amor, sus manos finas y delicadas como las de un Emperador , su cabello largo símbolo de la fecundidad y fuerza de un nazareno , su mirada penetrante y sencilla toman constante vida frente al espectador mostrando paz, amor, compasión y regaño muchas veces, indicando al adepto no desviarse del camino secreto, con los sentidos del mundo, ante mantenerse activo con los sentidos del eterno buscador de la verdad.

Estirpe de hombre, superhéroe, alquimista, masón, templario, esenio, mago, superhombre, extraterrestre. En fin un maestro que logra conquistar a través del amor, el perdón y la compasión todas las corrientes religiosas o no, del mundo, lleva en su corona el aura de los Dioses.

En su pecho el sagrado corazón, coronado de espinas, con siete lagrimas que nos recuerdan cada una los siete demonios capitales que todo hombre que aspire al adeptado debe eliminar de sus entrañas.

Su corazón inflamado por el fuego sacro que desprende alrededor de todo él, de todo su espíritu, con la cruz erguida símbolo de haber vencido la muerte, de haber muerto en sí mismo, convirtiéndose en toda fuerza , en toda luz.

Hombre que ha matado hasta la raíz misma del deseo, como un héroe ha vencido a los más entrañables agregados psíquicos que pueda tener un hombre , incluso un Dios, tanto así que pareciera su rostro no tener vida a veces, ya que los humanos acostumbramos a ver los rostros a través del prisma de la subjetividad mecanicista a la que estamos acostumbrados ver , por ejemplo, a través de la vanidad, alegría, tristeza, lujuria, orgullo, envidia, celos, ira, desasosiego, presunción, pereza, gula, maldad, sufrimiento, entre muchos defectos mas, pero este rostro es de tipo distinto, un rostro de un Ser Absoluto, que anda siempre en el espíritu y que no necesita de otras impresiones para mostrarse al mundo, un hombre , un Súper-Hombre que siempre es El Ser.

Aunque debo decir que éste rostro es el rostro de la consciencia pura en que cualquier rodilla a de doblarse, doblegarse como la de un niño a los pies del Padre Celestial.

El hombre Absoluto, que antes de nacer ya era el Cristo, Encarnación Divina, porque siempre supo de donde venía, hacia donde iba, cuál era su papel en la tierra, y conocía por si fuera poco, todas las pruebas por las que tenía que atravesar, un niño que a los ojos de la razón pareciera no haber tenido infancia, cuando tuvo realmente la infancia más feliz que un niño pudiera añorar, en éste todo era trabajo y sacrificio, entrega , Amor, semejante sacrificio para éste Ser, el tener que venir a la tierra con un cuerpo físico y mostrase al mundo, semejante valor la del Cristo, ya el hecho de imaginarlo, nos muestra claramente que se trata de un acto sobre humano, trascendental para cualquier mente de éste mundo y de cualquier otro.

Todo un maestro él que nos devela el misterio del corazón, abriendo su capa ante el espectador, como se abre el telón de un gran teatro, en éste caso, el Teatro es Cósmico, el Amor es su protagonista.

En su pecho: la cruz, el fuego, la sangre; coronada de espinas, hazaña de un Dios, que impresiona a cualquier mente del universo infinito.

La escena cumbre: su crucifixión, ciertamente éste Hombre ya había muerto en sí mismo, ya había vencido a la misma muerte, por tan alto y sobre humano sacrificio al que se había expuesto ante el universo.

Él en sí mismo, como ya se ha dicho, es la Encarnación de todo el Drama Cristico, un hecho cósmico que se repite cada miles de años en un planeta, como muestra y guía del camino secreto que ha de seguir el adeptado gnóstico.

Su solemne saludo gnóstico, nos enseña el supremo y único holocausto al que se debe ir para regresar al Padre que está en secreto. Eh allí, como ha de ir el hombre a la redención de sí mismo, la vía iniciática, está en tú propio corazón, en tu propia vida, ya como lo habrían de repetir innumerables maestros, está en ti mismo, adentrándose en el propio corazón, hasta penetrar el alma y aniquilar a través del holocausto del amor y del perdón, todo aquello que no es real, que es efímero, como el viento pasa y no se sabe nunca a donde va, pasajero.

Ante semejante presencia como ya se ha escrito, no le queda al hombre más que arrodillarse y pedir infinito perdón, por todo el daño que ha cometido al padre y al Cristo en sí mismo.

21 de febrero de 2010

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