Por más de 200 años el tema del comercio internacional ha sido el asunto álgido y desencadenante de muchas guerras y luchas intestinas, discusiones e intervenciones por parte de los gobiernos de América y en especial Latinoamérica que es la que concierne en éste tema.
El comercio ha dado muchos vuelcos ha avanzado en épocas y retrocedido en otras, ha sido condenado a un efecto conocido en anatomía como el de sístole y diástole que emite el corazón, de igual forma sucede con las economías, sociedades y civilizaciones hay momento de contracciones y momentos de expansión, el asunto está que esos momentos los debe determinar el Ser Humano independiente de los gobiernos al que se sujete política y administrativamente.
En Latinoamérica desde la independencia, el libre comercio, ha sido más que ideales a veces llevado a documentos, leyes y constituciones, pero que en la vida practica las cosas nunca han funcionado así, sino que siempre actores y detentadores del poder, una vez llegado al mismo, infringen todos los principios naturales y morales de subsistencia, arremetiendo contra los derechos del hombre de forma impositiva como si el sólo hecho de comercializar de manera internacional se tratara de un asunto delictivo donde se exigen una serie de papeles y planillas que a decir verdad son emitidos por los proceso burocráticos que los gobiernos imponen, donde muchos de estas instrumentos de comercialización suelen ser innecesarios, y además violatorio de uno de los derechos principales que tiene el hombre que es su libre desplazamiento por el territorio, llevando patrimonio a otros naciones con el objeto de acumular riqueza para así gozar de una vida sana en paz y armonía con el otro.
Se sabe que desde antes de la independencia ya existía formas de comercializar productos tutelados por el Estado, es decir la Corona Española, a la que no se le escapaba nada, y mucho menos el producto que estaba causando furor en toda Europa como lo era el cacao y el café de estas tierras, sabiendo bien que eran los allegados a la corona los únicos que podían, a decir verdad comercializar de manera internacional las mercancías, en el caso de la provincia de Venezuela cabe mencionar la famosa Real Compañía Guipuzcoana que manejaba las exportaciones de la España de sur America, a la que sólo tenía absceso unos pocos miembros y allegados de las cortes del Rey Español y su Virreinato en Latinoamérica.
Esto innegablemente creó descontento en la ciudadanía de aquel entonces y bajo otras modalidades se sigue sosteniendo esta situación entorpecedora del derecho de importar o exportar mercaderías, lo cual desde hace dos siglos de historia no ha cambiado mucho, trayendo en aquel entonces la guerra de la independencia y sus consecuencias posteriores que se subdividen en varias épocas y escenarios, donde el papel del hombre y el comercio internacional frente al poder desmedido de los Estados juega el punto central de gran importancia para la Historia Americana.
Posteriormente desde la independencia las ciudadanías han venido logrando sus vindicaciones económicas, a través de los que fue la lucha cruenta de la independencia y las consecuencias que trajo ésta, y sus sucesivas reivindicaciones en el tiempo; cabe recordar, que uno de los asuntos principales de la independencia con los que tuvieron que tratar los Estados a posterioridad fue el federalismo y el libre comercio que trajo el posterior desarrollo y autonomía a las naciones de latinoamericanas.
El libre comercio que ya impregnaba en aquel entonces toda la sociedad erudita de Europa, y por el que se escribieron majestuosas tratados económicos que aun se mantiene vigentes para el perfeccionamiento de la humanidad, como lo son la Riqueza de las Naciones de Adam Smith y el Espíritu de las Leyes de Montesquieu, únicamente por mencionar un par de las decenas de autores, textos y documentos que se escribieron en la época con el objeto de que la humanidad tuviese el mejor florecimiento del hombre, llevaba impregnada las ideas de mercados libres de intromisiones de los gobiernos.
Pero no faltaba más que el egoísmo de los destinatarios del poder de los Estado en acumular y conseguir riquezas para sólo en un pequeño grupo oligopólico de ellos, lograran estos tergiversar y trastocar las tareas que la ilustración o el siglo de las luces ya habían conseguido puntualizar con tanto afán, constituyendo la filosofía y sistema económico liberal mejor conocida como Capitalismo Liberal que hombres en siglos anteriores habían solidificado, para luego así derribar coronas, echar abajo imperios para que aflorara el hombre como ser único y responsable de su existencia.
A dos siglos de haberse materializado todas estos acontecimiento brevemente narrados ya, las cosas no han avanzado mucho, incluso hay experiencia de países en las que se ha retrocedido al principio, producto de las inestables y populosas teorías estatistas y sociales que tienden a dañarlo todo poco a poco, como un virus al microcosmos hombre.
Hoy por hoy a tan sólo, treinta años de haberse refundado la Asociación Latinoamericana de Integración en el subcontinente latinoamericano, se ha observado que los avances en materia de comercio integracionistas no han sido impactantes para la ciudadanía, debido a los pocos avances que se ha tenido en materia de libre comercio tal como lo idealizaron los precursores del comercio integracionistas.
Además de que ya está demostrado por la historia, que El comercio internacional ha permitido por siglos en la humanidad servir de eficaz herramienta para el desarrollo de los pueblos, ya en pasadas civilizaciones se logró el mayor esplendor, en gran medida gracias al intercambio comercial que existía entre las personas de un reino, pueblo o nación, hacia otro, lo que indica que actualmente no puede ser distinto.
No pecar de ignorancia, el que sabe que el comercio exterior es la fuerza que tienen los pueblos para desarrollarse y regular sobremedidamente éste derecho económico, natural de los seres humanos; implica un gran retroceso para la humanidad, lo que hace que la posición interventora que han asumido los gobiernos de Latinoamérica sea deplorable para la economía y desarrollo de la población.
Las nuevas tendencias del comercio internacional deben ir encaminadas a derribar las barreras arancelarias que se presentan en los diferentes países miembros de la ALADI y no miembros también, de forma total y no parcial como actualmente se presenta, de lo contrario se esperará un par de décadas más en surtir avances efectivos el tratado de Montevideo y poder lograr lo que se quiere con la aplicación del mismo, que es la evolución y desarrollo económico del Hombre.
Como se explica, son las política intervencionista que han girado en torno a los miembros del tratado de la Asociación Latinoamericana de Integración, la principal responsable de no haber logrado un impacto progresista en más de 500 millones de ciudadanos que representan la población de los países miembros de la ALADI; las intervenciones del Estado, en vez de generar mayor intercambio comercial entre las naciones que integran el tratado han sido más bien perjudiciales para los avances que en materia económica y social requieren los países circunvecinos de Latinoamérica.
Dentro de los fallas del tratado tenemos una serie de beneficios a rubros de productos, que si bien son importantes las preferencias que se tienen con respecto a ellos no terminan por liberar las innumerables trabas y requisitos que en la práctica suceden a la hora de nacionalizar o exportar un producto. No se puede hablar de integración efectiva mientras todo se haga bajo el prisma de una política interventora económica y comercial que ataca directamente no sólo a los rubros de productos, sino a sus comercializadores, los ciudadanos, que es lo vital para el desarrollo.
Y por si fuera poco, la situación tiende a agudizarse cada vez que llega un detentador del poder a la presidencia de los distintos países que conforman la Asociación Latinoamericana de Integración, estos en vez de facilitar el comercio exterior, terminan violando el tratado y los protocolos tanto por impericia del gabinete de gobierno, como también por la naturaleza interventora de las ideologías que ellos sostienen por más de siete décadas refrenando los intentos de una verdadera integración, bajo una economía de mercado, que nunca termina por llegar, donde se promete el desarrollo y no hacen lo necesario por lograrlo.
Hay que desestatizar se ha venido planteando en las últimas décadas y es cuando más fuerza toma el estatismo, no es posible que para esta fecha aun se esté debatiendo que es lo necesario para lograr una integración efectiva, llena de productividad, progreso, que para mal de males estas inquietudes hayan llegado a los congresos y tribunas de reconocidísima trayectoria como lo son los diferentes organismos internacionales que profesan y sostienen a todas estas la posición interventora del Estado, política ésta que no ha podido dar resultados satisfactorios para los ciudadanos principalmente, como tampoco para las naciones.
También se sabe que la respuesta, no hay que inventarla ni sugiere las recurrentes improvisaciones estatistas de orden nacional o mundial, que se llevan a cabo por parte de los gobiernos como lo expresan algunos mandatarios y expertos en la materia, sino que existe y ha existido siempre en el camino de desarrollo de las naciones, y es ésta la Tesis Liberal que se niegan a aplicar los gobiernos Latinoamericanos, además de tergiversarla, confundirla ideológicamente y desmentirla en gran medida los gobernantes miembros de los países latinoamericanos suscritos al tratado integracionista.
Hay que determinar de una vez por todas que la vía segura a tanto atraso que reclaman las ciudadanías por más de un siglo, es el capitalismo legítimo tal como lo idearon los padres del liberalismo clásico, y los independentista del continente americano, sin el ventajismo de los burócratas Estatistas.
Se han buscado miles de fórmulas Estatistas, pero aun no se ha querido dar el paso al Liberalismo Clásico, se han hecho consensos internacionales, mas todos han sido infructuosos porque son aplicados bajo un enfoque estatista; los detentadores del poder se resisten a dar con la formula de desestatizar el mercado, la economía, para que logre el desarrollo de las ciudadanías y por consiguiente las naciones que integran la Asociación como ejemplo y vanguardia para el comercio internacional latinoamericano y mundial que se necesita.
Causa asombro como los especialistas en nomenclatura aduanera de los distintos países latinoamericanos consultan el arancel de aduana como si se tratara del libro sagrado que les fuera proporcionar la lotería a sus patrocinados o clientes comerciales, siendo la realidad otra, que éste libro gordo, prescribe decenas de trabas que muchas ni siquiera están prescrita, sino que es potestativa de los gobiernos que se pasean por los países latinoamericanos.
Por otro lado, hay miles de jóvenes que se preparan en diferentes instituciones educativas que han aflorado en las últimas dos décadas, formándose como especialistas en comercio internacional y agentes aduaneros; para que asistan a los comerciantes en el afectivo desaduanamiento de las mercancías que pasan por los distintas aduanas de los países miembros del tratados, mas estos no están bien formados, no están debidamente preparados porque no tiene la formación suficiente y clásica de los principios económicos que encierra el libre comercio, para luego así, desentrañar y promover las ventajas y debilidades del tratado de la ALADI, que sirva para las efectivas transformaciones, siendo esta una de las desventaja y atrasos que presenta el tratado, mientras que los más aventajados simplemente son unos operadores de la ley que rigen en el comercio exterior, más o menos diestros que nada nuevo aportan a los usuarios del comercio internacional y a la Asociación.
Si bien se sabe, que esta no es la causa de mayor importancia de la equivocaciones del comercio interamericano, no deja de ser obstáculo para los ciudadanos de los países miembros ésta situación, ya que se trata de un emblemático tratado comercial con más de cincuenta años de experiencia y que aun sea desconocido para la población, indica que ha fallado su política económica y propagandística desde su creación, por no tener una visión bien amplia y definida, sino mas bien finita de los objetivos del Tratado de Montevideo, forma ésta que hace limitado el uso del mismo.
Por otro lado, los gobiernos no le han dado la importancia que requiere un tratado tan emblemático como la ALADI; y en vez de ir encaminados sus integracionistas en perfeccionar el mismo, han hecho caso omiso y a veces violado o sustituido, el tratado por otro restándole fuerzas a los que se estipulo desde el principio en éste.
Cabe hacer énfasis, que el marco jurídico de la ALADI debe apuntar a las necesidades de la ciudadanía y no de los gobiernos, ya que éste ha sido el principal factor negativo del tratado en avanzar a una integración integral que abarque no sólo los rubros de productos sino el libre tránsito de ciudadanía con sus derechos civiles y económicos tal como son las presentes tendencias y necesidades de las ciudadanías del nuevo milenio.
Como ya se sabe, la ALADI fue creada para estimular el comercio internacional, que tratados anteriores no pudieron llevar a cabo, porque su misión y objetivos no bajan a los particulares, sino que queda como un tratado que beneficia principalmente por defecto a los gobiernos y no a los particulares de los Estados vinculados al mismo, estos los gobiernos hoy por hoy siguen sin comprender la naturaleza de los tratados de libre comercio entre las naciones, sino que por el contrario lo ven tal como las antiguas civilizaciones y colonias del pasado que eran únicamente un privilegio de unas pocas personas vinculadas directamente con la corona o gobierno existente, situación de hecho y de derecho que no ha podido ser deslastrada de la psiquis, estructura mental y comportamiento de los gobernantes detentadores del poder, mentores e incluso patrocinados por el comercio multinacional.
Esta situación ha traído consecuencias desastrosas no sólo para las Democracias en América, sino principalmente para la ciudadanía en particular que es la que más duro recibe las decisiones que en materia económicas se prescriben en el continente americano y del mundo, demostrado que si los gobiernos son intervencionistas a ultranza estas intervenciones en la economías son las desencadenante de la crisis y recesiones económica que vive la ciudadanías.
Es por tal motivo que los gobiernos de Latinoamérica y América toda deben dejar sus políticas interventoras de la economía, que crean cada vez más oligopolios que recrudecen la situación económica de los ciudadanos, ya que son utilizados los altos impuestos que sufragan los ciudadanos de los Estados Latinoamericanos y de todo el continente, para soportar todo el peso de las naciones en la compra de compañías y corporaciones multinacionales y pago a una burocracia internacional que no hace nada por advertir los peligros de las políticas interventoras al cual se precipitan los gobiernos del mundo.
En tal sentido tal sentido, el Tratado de Montevideo, debe reformarse de manera que brinde la posibilidad a la ciudadanía de forma fácil y efectiva poder beneficiarse del comercio exterior sin las trabas burocráticas de los gobiernos de los países miembros, y poder así la ciudadanía lograr la independencia frente a los gobiernos, de lo contrario éste y cualquier otro tratado está destinado al mismo fracaso de los anteriores y presentes tratados comerciales firmados por los países miembros.
Se deben hacer los esfuerzos necesarios por parte de los ciudadanos influyentes en la economía y política de los países miembros del Tratado de Montevideo y de todo el mundo vinculados a los espacios de poder, en darle un giro a la política económica existente, donde se elimine tanta intervención y economía dirigida, ya que se sabe sin ambages que el ambiguo argumento de intervención y desarrollo que profesan los detentadores del poder, es contrario al mercado común latinoamericano, y por tal motivo es errado.
Se deben eliminar de la políticas económicas el factor intervencionistas de los gobiernos, logrando así una autentica manifestación por la paz y el desarrollo humano, fortaleciendo directamente los derechos económicos de la ciudadanía, es decir los derechos del hombre que exigen indubitablemente mejor estándar de vida, que es aportada directamente por un mercado común latinoamericano como espacio económico y financiero único y de libre mercado para las ciudadanías.
Entiéndase y Compréndase bien cuando se expresa ciudadanías, ya que son y deben ser estos, los individuos los que principalmente comercialicen y no los Estados o gobiernos miembros, como suele ser en la práctica donde los que comercializan son los gobiernos de los países miembros del Tratado de Montevideo, comercialización de mercancías, bienes y servicios, por parte de los gobiernos representantes de los países miembros, representa una práctica equivocada, en la que incurren los gobiernos y yerran por resultado las constituciones de los tratados pasados y presentes, que muchas veces son engavetados como letra extinta, y llenas de polvo en los archivos de la administración pública de los Estados.
Mientras los miembros de los Gobiernos Latinoamericanos no se concienticen y entiendan la máxima económica, que nos demuestra con los hechos que: a mayor intervención del Estado más pobreza, y a menor intervención, mejor y mayor calidad de vida para los ciudadanos, los tratados de integración económica y comercial, serán exclusivamente meros documentos que en términos prácticos no son útiles para incentivar el comercio internacional y el desarrollo de las ciudadanías.
Actualmente se presentan casos anómalos que impiden de todas las formas hacer comercio internacional, y esta situación recae sobre países como es el caso de Venezuela, donde se sostiene un control cambiario que impide a la ciudadanía hacer uso de su derecho económico de comprar o vender productos a través del comercio internacional, sumado a esto decenas de leyes especiales que están perpetrando los gobierno interventores de la economía como es el caso de Venezuela puntualmente, que cierran las puertas a la ciudadanía al comercio exterior, propio de los pueblos y civilizaciones más adelantados del planeta.
Por otro lado, se habla de crisis mundial, por los principales filósofos, economistas, políticos y gobernantes del mundo, lo que no se dice es porque se han desencadenado toda esta serie de fenómenos económicos, que empobrecen a los pueblos especialmente donde se asumen las políticas interventoras en contra de los derechos económicos del hombre, con el trillado pretexto de disminuir la pobreza, e instaurar el famoso Estado Social, donde es el Estado, a través de sus interventores funcionarios replegados al Estatismo, el único, principal o mayoritario, capaz de mover el aparato económico de un país, es decir, la tasa de crecimiento económico.
Mas sin embargo, si se quiere tener cifras positivas del producto interno bruto de los países miembros del Tratado de la ALADI, si se quiere tener un impacto positivo del índice económico de los ciudadanos de los países miembros, es necesario liberar las economías tal como lo plantea la Tesis Capitalista Liberal, de lo contrario se seguirá en el atraso, en el error, en el que aun incurren las naciones del mundo.
Ya se sabe hasta la saciedad que la receta económica intervencionista aplicada por muchos años en Latinoamérica, por los países miembros o no del Tratado de Montevideo, no hacen prosperas a las ciudadanías, y que esa manera de administrar los asuntos de un país, empobrece a las poblaciones, no permitiendo que iniciativas como los Tratados de Integración se lleven a cabo, procrastinando así el avance de las naciones y sus ciudadanos cada vez más a mercados patéticos e inflacionarios.
Ya existen ejemplos de avance como es el caso de Chile, Colombia y Brasil, que a pesar de haber padecido periodos de crisis económicas y sociales por las convulsiones sociales y política han dado muestra de avances que constatamos en los índices de crecimiento económico, y al ser visitadas estas naciones miembros de la ALADI no queda duda el avance que en materia económica han alcanzado, comparativamente con su pasado económico y al de las naciones circunvecinas que aun mantiene una política económica interventora y dirigida en los asuntos de mercado y comerciales de los ciudadanos.
La Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) de esta nueva generación debe ser el bastión de las ideas políticas y económicas del Libre Comercio para que logre servir de guía y orientación de los gobiernos a emprender una campaña de pequeños y medianos comerciantes internacionales en el ámbito Latinoamericano, y de esta manera propulsar el desarrollo del hombre dentro del marco legal, económico y social al que se deben.
Con esta propuesta política-económica desestatizadora, no se quiere expresar que hay que abandonar los estándares de calidad que se requieren para que los productos sean competitivos y de calidad con otros productos (bienes y servicios), en el mercado latinoamericano y mundial a la vez, sino mas bien, reforzar esta característica, brindando el asesoramiento necesario por parte de la Organización Supranacional a los pequeños y medianos comercializadores de los países miembros para repuntar la ALADI en el comercio internacional como el principal tratado a ser utilizado en el momento de realizar una operación de comercialización internacional entre las países miembros del tratado.
De esta manera la asociación debe definir de una vez y por siempre el objetivo principal que es el establecimiento de un mercado común latinoamericano integral donde converjan todas las operaciones de asesoramiento, legal, comerciales, económico y financiero que requieren los ciudadanos para un efectivo intercambio comercial y de recursos humanos que se requieran, con el objeto de realizar un efectivo aprovechamiento de la renta del comercio exterior por parte de los particulares, es decir de la pequeña, mediana y grande iniciativa privada y no la de los gobiernos, como actualmente se lleva a cabo.
Prestar asesoría e idónea asistencia, a través de oficinas de la ALADI en las principales aduanas de las naciones suscritas al tratado, para que sirvan de intermediarios en materia de resolución de conflictos entre comerciantes y potenciales comercializadores de mercancías ente los distintos Estados miembros, para un efectivo y viable desarrollo económico de estos países, y así ir creando la cultura de mercado común latinoamericano en toda Sudamérica, posicionando de esta manera el Tratado de Montevideo como plataforma de integración comercial debe ser prioridad.
Al mismo tiempo de realizar campañas informativas, donde se definan bien las ideas y objetivos del tratado, a través de la página web oficial de la ALADI, además de congresos y foros informativos anuales en las principales ciudades urbanas y rurales con potencialidades de incursionar en el comercio internacional de los Estados Miembros, informando sobre las nuevas tendencias, necesidades y oportunidades de comercialización que existen en el mercado Latinoamericano y mundial si fuere el caso, se hace también necesario para la ciudadanía.
Con todo esto lo que se quiere expresar que las disposiciones del Tratado de Montevideo de 1980 deben ser transformadas de tal manera que brinden a los particulares la posibilidad de beneficiarse del comercio exterior e ir creando una solida cultura entre los Latinoamericanos de un verdadero mercado común perfectamente viable, como lo es el libre comercio, y así ir derrumbando los paradigmas políticos y económicos al cual se acostumbraron los gobiernos interventores de la economía, del mercado, de los países miembros de la asociación.
Mientras los Estados sigan soportando todo el peso económico de más de 500 millones de ciudadanos que componen las poblaciones de los países miembros del tratado, jamás el producto per capital de los Latinoamericanos crecerá, y los objetivos principales de estas asociaciones de países no darán los auténticos frutos por el que fueron inspiradas y diseñadas estas alternativas de mercado latinoamericano.
Pretender que con economías estatizadas, dirigidas, como el caso de las experiencias socialistas en Latinoamérica, se pueda desarrollar modelos loables de tratados comerciales entre las naciones, en un exabrupto, ya que muchos de estos tratados se mantienen desconocidos y velados para los ciudadanos impidiendo así el progreso de los mismos que desconocen por completo las vías y formas de comercializar hacia otros países y poder gozar de los beneficios que proporciona el mercado latinoamericano.
Hoy por hoy, y a lo largo de cinco décadas se presentan gobiernos Latinoamericanos que apuestan a una concentración de todos los bienes, servicios y medios de producción en manos del Estado; es esta situación un impedimento total para que se pueda consolidar un mercado común Latinoamericano, lo que difiere cada vez más la posibilidad de hacer de las naciones Latinoamericanas modelos económicos prósperos para la ciudadanías del continente.
Comprender esto se hace necesario, ya que hay sectores gubernamentales que dominados por sectores económicos del comercio internacional frenan la consolidación del Tratado de Montevideo al que se suscriben todos los países miembros actualmente, y que por más de cinco décadas han frenado los inmensos esfuerzos que se hacen, a través del comercio exterior de los ciudadanos en Latinoamérica para hacer del continente una región completamente desarrollada como lo visionaron los pioneros del comercio internacional que los debemos ubicar en las raíces mismas de las fundaciones de estas actuales repúblicas.
Por otra parte, para los estudiosos ya no debe ser un secreto que son los mismos sectores que financian los Gobiernos Estatalista que fortalecen los monopolios nacionales e internacionales, y que cada vez mas impiden por consiguiente que se dé el mercado común latinoamericano, que inevitablemente será capaz de desarrollar a los ciudadanos de los países latinoamericanos que están suscritos al Tratado de Montevideo.
Mientras continúan los factores gubernamentales y económicos de poder, emitiendo leyes perjudiciales conductoras de la economía, a espaldas de la ciudadanía, creyendo que las engañan, frenando la ampliación del mercado común en Latinoamérica, difícilmente se podrá avanzar en los estándares de calidad de vida que se han pronosticado a lo largo de tres décadas en los países miembros del tratado.
Se debe establecer en el Consejo de Ministro de la ALADI la prioridad entre los objetivos, de encaminar a los Estados miembros del tratado a definirse de una vez por toda por la reducción de cero impuesto de aranceles como eliminación de mecanismos inútiles que entorpezcan el comercio exterior en la región latinoamericana, mientras que no se tomen los correctivos suficientes y necesarios nunca se podrá avanzar objetivamente en la finalidad del comercio internacional, el cual es desarrollar a las naciones.
Una de las ventajas que tiene los ciudadanos del mundo actual es el uso de las nuevas tecnologías, donde se exhorta a los Gobiernos y ciudadanos de los Estados suscritos al tratado a hacer uso de ella en materia de comercio exterior, para las distintas operaciones de comercialización, al punto que se trasciendan las serie de documentaos, facturas y formas manuales que hacen cada vez mas engorrosos los sistemas al momento de exportar o nacionalizar una Mercadería.
Por otro parte deben los Estados suscritos al Tratado de Montevideo, modernizar sus aduanas en maquinaria y tecnología de punta, todo esto con el objeto de desarrollar el comercio multinacional, para hacerlo cada vez más accesible a los ciudadanos de la forma más rápida y fácil para los usuarios del comercio internacional, y así lograr que las exportaciones e importaciones sean la fuerza motriz que permita a los ciudadanos de los Estados miembros elevar su estándar de vida a los niveles de las naciones prosperas y desarrolladas del mundo actual.
Es la época que se deje a un lado la tesis colectivista de los gobiernos intervencionistas que todo lo quieren abarcar y que en todas las experiencias de Latinoamérica y el mundo han demostrado no estar acorde con el desenvolvimiento natural de las personas que trabajan por vivir un presente mejor en mejores y mayores alternativas y condiciones de vida, sabiendo bien, que el comercio exterior puede proporcionar mejores alternativas dejando a un lado los aires mesiánicos de los conductores de la tesis del Estado benefactor que todo lo degradan a sistemas de caos y anarquía, donde únicamente los más crecidos económicamente son los que pueden beneficiarse del comercio exterior, mientras que los menos aventajados económicamente se les cierra cada vez más la posibilidad de hacer uso de éste derecho económico.
Con lo anterior escrito no se quiere hacer un disertación ingenua y demagógica del comercio exterior, sino dejar bien en claro que el comercio exterior en Latinoamérica es el único capaz de desarrollar estos pueblos que han sido víctimas de políticas macro y micro -económicas intervencionista, dirigidas, que en nada han ayudado a la ciudadanía, sino que más bien han creado obstáculos para la evolución de las nacionalidades de la región latinoamericana.
El Consejo de Ministros, Plenipotenciarios, Comité de Representantes, Personal Técnicos Administrativos y secretarios de la ALADI, deben tener en cuenta y asumir la responsabilidad que es en éste momento, en éste nuevo siglo, recae sobre sus personas la responsabilidad de darle vigencia y avance mundial al Tratado Montevideo, y ponerlo a la par o por encima de los tratados más exitosos de la región y del mundo, ya que son estos los principales responsables de que se lleven a cabo las políticas que propicien un mejor trato a los usuarios del comercio multinacional de la región latinoamericana.
Son estos integrantes de la Organización Supranacional, los principales en permitir el avance del tratado de integración comercial, bien sea activando los mecanismos necesarios o poniendo en marcha los procesos integracionistas existentes para que se dé la integración efectiva , que por más de tres décadas han trasgredido y frenado los Estados miembros, los gobernantes, en cuanto a los beneficios que proporciona el Tratado de Montevideo para los ciudadanos, usuarios del mismo.
Es tiempo que se denuncie y sancione administrativa y económicamente si fuera el caso, y que se hagan públicos estos correctivos, en Consejo de Ministro de la ALADI, todas las irregularidades que cometen los Estados miembros, a través, de sus excesos en la intervención por parte de los gobiernos contra las política encaminada a crear un mercado común latinoamericano bajo principios sanos de racionalidad, salud, seguridad, respeto y eficiencia de los Estados miembros hacia los ciudadanos que hagan uso de su derecho económico de comercializar mercadería por toda la región latinoamericana suscrita al Tratado de Montevideo.
Es en éste proceso de mejora a donde debe apuntar la ALADI, de no llevarse esto así, se seguirán violando los protocolos, leyes y documentos emanados del Órgano Supremo de la Asociación Latinoamericana de Integración, degradando éste a un órgano infructífero y meramente burocrático que muy poco o nada aporta al desarrollo al cual está llamada ésta magna asociación de países reunidos aquí para el mas loable fin de todos, el cual es generar políticas que enrumben a las ciudadanías a un mayor desarrollo económico, de independencia y autonomía frente a cualquier poder o fuerza gubernamental nacional o internacional que pretenda impedir la evolución y desarrollo de la humanidad.
Se debe unir todas las fuerzas de los ciudadanos rectores del Tratado de Montevideo en éste nuevo enfoque de libre comercio entre las naciones que conforman la ALADI, ideando y ejerciendo todas las acciones y esfuerzos, a través de medios informativos, congresos, simposios, conferencias, mesas de trabajo para crear cultura de libre mercado entre los ciudadanos.
Se debe sugerir gobiernos con sistemas políticos y económicos limitados, que se encarguen únicamente de contratar a obras publicas de infraestructura, generar seguridad y justicia a la ciudadanía y evitar la intervención del Estados en los esfuerzos que se hacen para la consecución y consolidación del Mercado Común Latinoamericano, bajo un enfoque de libre mercado, de libre competencia, que debe ser el objetivo primordial de la asociación.
Se necesita hacer de la plataforma de la ALADI un foco de luz para la ciudadanía latinoamericana, y que sea esta la que le exprese a los gobiernos de los países miembros cuales deben ser sus límites en materia de comercio exterior y cuáles son sus competencias que se reducen en velar por mantener un ambiente de seguridad y protección al consumidor sin desproporciones gubernamentales de ningún tipo.
Es necesarios elevar la propuesta a todos los Estados miembros del tratado, la cual es la de crear mercado abiertos y libres que dependan únicamente del ahorro de las personas y de las inversiones de las empresas, donde se solucionen los conflictos entre ciudadanos y Estados que se originen en las Aduanas o en las negociaciones de comercialización entre las personas a través de magistrados judiciales, en base a códigos generales y no leyes especiales o como suele ser a través de la fuerza pública de los gobiernos directamente.
De la misma manera, el respeto a la propiedad privada por encima de cualquier situación o conflicto que pueda acaecer en las transacciones comerciales que se realicen entre las personas de un país a otro, suscrita al Tratado de Montevideo, para garantizar así el éxito integral de las economías de las ciudadanías de Latinoamérica.
Servir no sólo de Asociación de Mercado Común Latinoamericano, bajo principios de libre mercado, sino que también esta Tribuna del Tratado de Montevideo, sea el observatorio y magisterio de enseñanza de Liberalismo Clásico, libre comercio, libre competencia, para las ciudadanías, manteniéndolas informadas y alertas en el conocimiento de que representa el libre comercio, que es una economía de libre mercado, y así de ésta forma puedan advertir y orientar a los ciudadanos de forma fácil y efectiva la diferencia de un gobierno intervencionista de la economía de uno de economía liberal para que los ciudadanos dejen de ser víctimas de las demagogias de los defensores de la tesis colectivista que predican y promueven los gobiernos socialistas Latinoamericanos, generando siempre sumisión por parte de los ciudadanos ante las arbitrariedades y excesos de los gobiernos.
Esto ayudaría en gran medida acelerar el proceso de desarrollo que por más de cinco décadas es esperado por la población latinoamericana y que cada año que pasa, resulta ser más frustrante y desesperanzador para la población que trabaja y trabaja y no consigue salir del circulo vicioso de necesidades a los que los someten los gobiernos paternalistas que impiden a toda costa que se consoliden mercados libres y abiertos en Latinoamérica para que de una vez por todas las poblaciones dejen de depender de los Estados benefactores que todo lo condicionan a los interese de los destinatarios del poder político.
Cincuenta años son más que suficientes, para que la ciudadanía Latinoamericana haya madurado como actualmente lo demuestra crítica y autocríticamente contra el Estado interventor, mas no por esto, quiere decir que las ciudadanías tengan claras las orientaciones conceptuales y terminológicas de lo que implica tener un mercado común en libre comercio; por lo que se hace necesario para cambiar el sistema, trasmitir conocimiento de libre mercado a las generaciones latinoamericanas actuales que se sujetan a la dependencia de los Gobiernos Colectivistas.
Lograr independizarse de las cadenas del Estado interventor y emprender la marcha a una sociedad de pequeños, medianos y grandes empresarios ( Comerciantes y Productores) en el mundo, que abarquen especialmente las Naciones Latinoamericanas, y del Continente, implica que desde espacios de influencia y de poder como lo es ésta Asociación de países se tomen la tarea de trasmitir conocimiento, información, para proponer y orientar a los ciudadanos latinoamericanos de cuál es el curso que deben perseguir para la concreción del mercado común latinoamericano.
Además de sepultar, de una vez y para siempre el concepto mono productor, que han asumido los países como el caso de Venezuela que más del 50 por ciento de sus ingresos son provenientes de la industria petrolera y que otro ingreso significativo es percibido a través de los eternos impuestos que pagan los ciudadanos al Estado para el sostenimiento del aparato burocráticos, colmado de tramites innecesarios que entorpecen por todos los flancos el comercio internacional e impiden así que se diversifiquen las economías y puedan estas ser abiertas y libres a los mercados latinoamericanos y del mundo, libres de las tradicionales trabas y obstáculos de los Estados interventores de la economía.
Las experiencias exitosas de países desarrollados le han demostrado al mundo, y a los Latinoamericanos que es el sistema capitalista liberal, el punto donde convergen todas las naciones desarrolladas, logrando de esta forma diversificar las economías y ampliar los mercados nacionales a mejore mercados alternativos, donde es el ciudadano particular y no los administraciones de los gobiernos los que logran beneficiarse de la utilidades del comercio exterior.
Para que la Asociación de Países Latinoamericanos logre ser atrayente para las generaciones actuales que se proyectan al comercio exterior como punto de apoyo para crecer económicamente como individuos y como nación es necesario que la ALADI asuma el papel orientativo e informativo tanto a los ciudadanos como a los gobiernos de Latinoamérica para que dejen a un lado la intervención y se encaminen estos, los gobiernos por contratar obras públicas de infraestructura que impulsen el Comercio Exterior, respetar la propiedad privada y crear seguridad para los ciudadanos.
La Asociación Supranacional Latinoamericana de Integración debe encender la llama del Desarrollo, debe ser capaz de llevar la luz del conocimiento de mercados abiertos y libres a los Latinoamericanos, para que se eleven a los puntos de crecimiento más altos al cual invita y ha invitado desde siempre el comercio internacional.
Es de saber, que el propósito primordial de la ALADI de fomentar un desarrollo económico armonioso y equilibrado en el espacio latinoamericano que conduzca al establecimiento de un mercado común entre los países miembros, después de cinco décadas no se ha podido lograr, porque la organización supranacional ha olvidado el papel fundamental el cual es: trasmitir, educar e informar a los Latinoamericanos de las políticas económicas optimas para que los ciudadanos y naciones puedan gozar de las amplitudes que les brinda el comercio internacional.
Por tal motivo, se exhorta a las organizaciones supranacionales y todas las instituciones interesadas en esta visión internacional del comercio, a que hagan uso del poder que les proporciona la comunicación, a través de los distintos medios para ser el tanque de pensamiento vanguardista que necesitan los latinoamericanos para así fomentar y fortalecer la cultura de libre mercado en el comercio internacional como salida a la pobreza económica en el que se encuentran los ciudadanos Latinoamericanos.
Educar, orientar e informar a los ciudadanos y Estados miembros de la Asociación, en las gestiones de negocios internacionales; deben ser estas las premisas de la Agrupación para luego recoger los frutos de tan loable responsabilidad que se tiene como Órgano Supranacional, frutos que tenderán a elevar el prestigio de la organización a niveles jamás visto desde su fundación.
Hay que dejar bien claro que un país no progresa a través de guerras contra otros países y que estas mismas son promovidas por los gobiernos colectivistas e interventores de la economía, y que en nada ayudan a la población latinoamericana, por lo que se hace necesario orientar a los naciones latinoamericanas a tomar la bandera de un mercado común abierto y libre de impuestos arancelarios, como medio efectivo para que los ciudadanos salgan de la pobreza donde los tiene sumido los gobiernos interventores que se pasean por estas tierras desde hace mucho tiempo.
Se hace énfasis en el planteamiento de que el Tratado de Montevideo debe ampliarse y servir no sólo al paso de mercancías sino al libre tránsito de los ciudadanos de los Estados miembros para que de esta manera sea impostergable y definitiva la consolidación del mercado común latinoamericano que es el único camino a seguir para el ascenso económico de los ciudadanos Latinoamericanos.
Por tal motivo, es necesario que la ALADI exhorte a los países miembros a cumplir con las políticas de desestatizar las economías para dar con el objetivo de disminuir el gasto público, que hace estragos en la economía latinoamericana y mundial; sabiendo bien que la manera más efectiva es creando políticas de mercados abiertos al comercio internacional, para de esta manera elevar el nivel de producción y comercialización de bienes y servicios en todos los países latinoamericanos, deteniendo así, los niveles inflacionarios y especulativos que nos genera los Estados interventores de la economía y del comercio internacional.
Es preocupante el cómo los Estados miembros se encuentran abarrotados de tramites administrativo para consolidar una comercialización internacional, estos trámites burocráticos terminan creando gestores entre gestores alrededor de las diferentes aduanas y puertos de los países miembros que retrasan enormemente cada vez más la posibilidad de constituir un mercado común latinoamericano abierto y libre que debe ser el planteamiento principal de la Asociación.
La ALADI debe enmarcar un plan de trabajo bajo los principio de una Democracia Liberal que respete la propiedad privada, el derecho económico de libre competencia, libre mercado para generar de forma sistemática los avances que se necesitan en materia de comercio internacional y mercado común hacia donde apuntan las economía del mundo actual.
Es a través, de la liberad de competencia que se pueden lograr los objetivos de desarrollo planteados por la asociación desde su fundación, mas esta asociación debe dejar de verse a sí misma a través, de sus representantes como una organización internacional que toma decisiones a priori fiscalizadoras, que afectan directamente a la población latinoamericana, generando más barreras arancelarias y mecanismos engorrosos para el comercio internacional entre la región latinoamericana.
Se hace énfasis en que de mantener esta visión estatista el Órgano Supranacional de la Asociación Latinoamérica, sin tomar la decisión de cero impuestos arancelarios se estarán cometiendo los mismos errores de las décadas de los años pasados sirviendo el Tratado para crear los mismos monopolios de siempre que violan enormemente los derechos económicos de cada uno de los ciudadanos de Latinoamérica, ya que siempre son unos pocos lo que logran ser beneficiados de los privilegios especiales en impuestos, insumos, materias primas, aduanas, seguros, subsidios, financiamiento de bancos, entre otros, tomados como especiales favores por parte de los gobiernos latinoamericanos; frenando estas políticas cada vez más la consolidación de un mercado común latinoamericano abierto y libre de impuestos.
las Políticas económicas estatistas, benefician sólo a unos pocos, y el resto sigue pobre, debido a que los gobiernos siguen con el alto ingreso fiscal por parte de los ciudadanos, financiando estas políticas de privilegios comerciales sólo un sector o grupo económico. Se necesita que se defina de una vez por todas por parte de la Asociación Latinoamericana de Integración el establecimiento de cero impuestos arancelarios para que se beneficien todos y no unos pocos, y como por efecto domino se frene la inflación, se disminuya el gasto público y se termine de una sola vez el Estado populista y paternalista en la región latinoamericana que tanto daño a causado a la población del continente.
En resumen el nuevo enfoque de mercado común debe ir encaminado a acabar con el neo mercantilismo instaurado en Latinoamérica por los gobiernos y empresarios ambiciosos de ser los únicos dueños y acaparadores del mercado suramericano, alejado siempre del libre mercado y de los beneficios que trae a la población una economía desestatizada de controles innecesarios que entorpecen el libre funcionamiento del mercado.
Los remedios a estos desafueros de la gobiernos estatistas latinoamericanos, los encontramos en un gasto fiscal reducido, bajos y ceros impuestos arancelarios en el comercio y la producción, eliminación de trabas aduanales, eliminación de control de cambio, moneda solida y sana, bancos solventes. Que ya esto presente ser un obstáculo más para el comercio internacional, ya que las economías estatizadas como el caso de Venezuela tienden a Estatizar la Banca privada, tal como lo hice Fidel en Cuba; desapareciendo poco a poco la banca, al igual que la propiedad privada tiende a desaparecer en estos Estados Socialistas.
El libre mercado bajo principios económicos liberales, de gobiernos limitados que no violen los derechos económicos de los ciudadanos es el único que puede acabar con el despotismo de los tradicionales gobiernos estatistas latinoamericanos para sacar a la población de la servidumbre de estos tiempos a las que son sometidas las nacionalidades a espaldas de las libertades económicas, y los derechos humanos. Debe ser la propuesta ineludible de la Asociación Latinoamericana de Integración a los países miembros del Tratado de Montevideo.
Promover desde la ALADI a los países miembros del Tratado de Montevideo, trabajo duro, esfuerzo , creatividad, iniciativa empresarial, buena gerencia, sin tomar en cuenta el contexto y sistema estatistas que mantienen gran parte de los gobiernos latinoamericanos, terminan por ser estas consignas propuestas vacías y huecas que se lanzan al aire y que no dejan ningún efecto positivo, sino que por el contrario más pobreza y frustración de los ciudadanos latinoamericanos, ya que sin gobiernos limitados y mercados abiertos y libres es imposible el crecimiento económico de los ciudadanos de ningún país del mundo.
Por tal motivo, libre mercado, y no intromisión de los gobierno en los asuntos económicos y comerciales internacionales debe ser la divisa de la ALADI, bajo un ambiente de seguridad jurídica por parte de jueces y magistrados judiciales, es lo que se necesita para crear riqueza en las ciudadanías y mejorar así de forma directa, el per capital de los ciudadanos, elevándose definitivamente el estándar de vida de los latinoamericanos sin necesidad de las ayudas y prestamos de los gobiernos y la Banca internacional que siguen endeudando los Estados Latinoamericanos, relevando a la naciones a Estados subdesarrollados con deudas impagables que soportan cada vez más los ciudadanos con impuestos fiscales y burocracias asfixiantes que parecen ser interminables para la población de Latinoamérica.
Es contraproducente, que los Estados asuman el poder económico, y la prueba la tenemos en inflaciones de países latinoamericanos que sobrepasan el 30%, índice que revela la incapacidad de las economías cerradas al libre mercado, libre competencia, propio de los Estados socialistas, éstos índice también reflejan la artificialidad imperante en la economía, ya que es el producto del más exhaustivo sistema de control de precios que ha existido jamás en la economías de los países latinoamericanos, a lo cual agregan todo tipo de subsidios. Lo que hace cada vez más evidente que los mecanismos controladores de la economía son insostenibles, para cualquier país, ya que los Estados no disponen de más recursos para seguir otorgando subsidios, y por otro lado las empresas privadas no están en condiciones de subsistir eficientemente bajo el régimen de control de precios y control de cambio al cual son sometidas.
Cuando los países gozan de una libertad absoluta y libertad cambiaria, la balanza de pago por resultado se hace ampliamente superavitaria, diferente cuando se impone un estricto control de cambios como el que padece los países socialistas en Latinoamérica, suscritos al tratado supranacional de la ALADI, esto ha traído consecuencias desastrosas por parte de la irresponsabilidad de los gobiernos cometidas durante y a lo largo de 50 años de estar suscritos como miembros del Tratado de Montevideo.
Con todo esto, se hace imprescindible realizar el milagro económico que le de paso a de una economía dirigida a Latinoamérica a una economía de libre mercado, que acabe con los postulados de la economía dirigida y sus genéricas conducciones, para que los ciudadanos no recaigan en la servidumbre de los gobiernos con sus recurrentes planificaciones económicas que de un modo gradual llevan a las ciudadanías a economías autoritarias y totalitaristas de siempre.
Economías de mercados libres, es lo que necesitan los latinoamericanos, mantener el curso estoicamente contrariamente a los constantes ataques publicitarios de los interesados en que se mantenga el control económico; se hace imprescindible. A pesar del pesimismo, la desorientación, mucha desinformación, sumado a los constantes ataques del lado de los misioneros del socialismo, adicional a las amenazas contantes por parte de los gobiernos y de los distintos medios de comunicación, para mantener firme el norte propuesto en principio económicos de libre mercado por parte de la organización supranacional de comercio latinoamericano.
Otro objetivo fundamental es el de orientar la economía latinoamericana por causes que le permitan no sólo recuperarse de la crisis económica en la que se hallan sumido parte de los países miembros del Tratado de Montevideo, sino asimismo orientar las potencialidades hacia la meta de un crecimiento económico constante y auto sostenido en el tiempo.
Otra condición, es que los países miembros de la organización supranacional de comercio latinoamericano deben deslastrarse de la pesada carga de controles y regulaciones de todo tipo que obstaculizan el proceso de desarrollo. En tal sentido cualquier plan, paquete económico, medida debe estar integrada y diseñada conforme al libre mercado, libre competencia y respeto a la propiedad privada, donde las políticas de oferta y demanda, se conciben como una actuación coherente con tendencias a flexibilizar las reglas del juego de un sistema económico dirigido por uno desestatizado.
De esta manera, la política de oferta y demanda ha de entenderse, como un conjunto coordinado de actuaciones encaminadas directas y definitivamente a eliminar los obstáculos, barreras arancelarias y rigideces que imposibilitan el funcionamiento fluido del sistema económico de mercado.
Dejando así, el recurrente mecanismo de devaluación programadas del signo monetario que usan las tradicionales economías americanas, con carácter fiscalista. Que constituye el método anómalo y progresivo de devaluaciones que usan los partidarios de los mecanismos de la economía dirigida para incrementar los ingresos fiscales y alimentar el crecimiento del gasto público, reduciendo o eliminando simultáneamente el déficit fiscal. Cabe destacar que éste mecanismo de devaluaciones, equivale a una forma de impuesto indirecto, retrogrado y encarecedor de los bienes y servicios que nunca sobrepasan el producto interno bruto de una nación.
Se hace énfasis que es el libre mercado, el único capaz junto a atrás políticas económicas liberales, las que acabarían de una vez por todas, con el crecimiento nominal que soportan los países de economías dirigidas, alimentado directamente con recursos provenientes de las devaluaciones, que no generan crecimientos reales y significativos en términos positivos en los niveles de producción de bienes y servicios, ni mucho menos en los niveles de productividad requerida por la población.
No obstante, estos mecanismo de devaluación del signo monetarios, son netamente inflacionarios, ya que la inflación es una de las modalidades impositivas más perversas que se le aplica a la población latinoamericana por parte de los gobiernos estatistas de las economías que impiden a su vez que se dé la consolidación del libre mercado latinoamericano.
El análisis de las pruebas anteriores que se tienen, lleva a comprender que el crecimiento del gasto público financiado por la vía de devaluaciones, y no de libre mercado y libre competencia, se traduce en una simple expansión de la masa monetaria, lo que indica, que con economías dirigidas, que no han entendido aun el poder del libre mercado; y se empeñan estos gobiernos en recibir dólares a únicamente provenientes de las industrias básicas del Estado, la cual se transforma automáticamente en una masa monetaria nacional que viene a soporta de manera única el enorme gasto público del país miembro.
Sumado a todo esto hay que mencionar que es este modelo de economía dirigida, el que trae de forma automática aumentos en el nivel de remuneraciones de sueldos y salarios, por vía de decretos por parte de los gobiernos miembros del tratado, hacia empleados y trabajadores tanto del sector privado como del público, que no corresponden nunca a incrementos paralelos en el volumen de bienes y servicios que se producen, que comercializan y se prestan en los países, fenómeno éste que se traduce a su vez en aumentos desproporcionales en el nivel de precios, efecto que trae por consiguiente más deterioro en el salario real de los trabajadores.
A todas estas la política económica y comercial de los Estados miembros de la ALADI deben hacer los esfuerzos por darle un giro a la tradicional política de economía dirigida que se mantiene a lo largo de cincuenta años de experiencia de integración comercial, a dejar de ver los tratados de integración como un pacto entre gobiernos, sino un pacto entre ciudadanos libres e independientes de cualquier intención reguladora de la economía particular de las personas.
Eliminar así la exagerada protección que los Estados que han conferido a los sectores productivos de la región latinoamericana, así como el efecto negativo que en definitiva esto produce, para incrementar los niveles de eficiencia y competitividad externa e interna de la economía latinoamericana
La experiencia revela que la política de mercado es de difícil aceptación por parte de los sectores políticos y económicos imperantes en la región latinoamericana, más esto no debe procrastinar más el objetivo de consolidar un mercado productivo, eficiente y de libres barreras arancelarias, que beneficie directamente a la ciudadanía. A continuación se mencionaran algunas de las cíclicas políticas comerciales a las que han sido sujetas las economías de los Estados miembros, que a través del tiempo se convierten en paradigmas nefastos para el desarrollo de los países, estas son las siguientes:
Empresas públicas del Estado, o protegidas y supeditadas a continuas políticas paternalistas de privilegios comerciales por parte de los Estados y no sujeta a las reglas propias y naturales del mercado, generando cada vez, mas inflación y productos de pésima calidad para los mercado internos y externos de la región.
Merma o eliminación de los riesgos de la competencia nacional de los países miembros, no desarrollando en lo absoluto las actividades comerciales de carácter competidor con las que se cuenta con mayores ventajas competitivas, y en consecuencia la política de sustituir importaciones ha demostrado no ser efectiva para el desarrollo de las economías.
Control de cambio, que aun se sostiene en algunos Estados miembros, hace que las empresas y comerciantes ejercen cada vez más presión sobre las reservas internacionales, ya que la reducida y escasa ventaja competitiva de la producción de bienes y servicios de la región se transforma en fuertes demandas de divisas para importar bienes y servicios.
Ante esta situación de sustitución de importaciones, a los ciudadanos en su conjunto se les imponen sacrificios, ya que se ven obligados a consumir productos de menor calidad y a mayor costo. Exentas de las presiones a que las somete la competencia, cuando son, bien sea, empresas estatales o simplemente supeditadas por el mismo, por tal razón no sienten la necesidad de mejorar la calidad de los bienes que producen, ni de racionalizar sus procesos productivos a fin de optimizar los costos. Lo cual genera los famosos subsidios para la producción nacional y para las importaciones acentuando cada vez más la artificialidad del aparato productivo y en consecuencia, de la economía en su conjunto de los países miembros del Tratado.
Por las razones expuestas, así como por la imposibilidad en que se encuentra gran parte de los países latinoamericanos en seguir destinando recursos para mantener los mecanismos de subsidios no queda más que aplicar políticas de mercados abiertas que rompan los paradigmas estatistas a los que han sido sometidas bajo engaños y populismo las democracias latinoamericanas en los últimos 100 años.
Todos estos yerros se han hecho siempre con la acostumbrada reducción paulatina de barraras arancelarias, que lleva más de 5 décadas en llevarse a cabo y aun es poco lo que se avanza en comercio integracionista, en tal sentido debe hacerse de forma fundamental la eliminación de los aranceles, eliminación de prohibiciones de importaciones, licencias de importaciones y permisos especiales, para crear auténticos convenios de comercio integracionista que transforme definitivamente la visión paternalista y de economía dirigida de los países latinoamericanos por mercado abiertos y libres.
Los que se quiere es que con el Tratado de Montevideo, se beneficien los ciudadanos y no los gobiernos de los estados miembros con el argumento de las famosas políticas sociales y asistencialistas que terminan siendo más costosas para los ciudadanos a mediano y largo plazo, y que se de forma definitiva se implemente una política comercial de mercado y de apertura a la competencia de mercados externos.
Eliminación definitivamente del control de cambio en los países que aun existe esta política, y liberación de precios para crear mercados abiertos, es esencial para la consolidación de una economía prospera y atrayente de inversión en la región Latinoamericana que promueva y proteja la actividad privada, reduciendo el gasto publico de forma directa y contundente, brindando un crecimiento económico sólido y contante en toda la región.
No se trata de metas a largo plazo, ni de sacrificios por parte de los ciudadanos o consensos supranacionales, ni siquiera de continuidad, o falta de gobernabilidad, sino de sostener políticas de mercados abiertas a las leyes naturales del mercado para modificar el sistema paternalista (Estatista) que se mantiene en el tiempo y que demuestra cada vez más su ineficacia para dar solución a los problemas económicos de los Latinoamericanos.
La experiencia ha demostrado que en democracias liberales y economías abiertas al libre mercado, desestatizadas, el sistema de producción, suministro y distribución de bienes y servicios de alta calidad por toda la región se haría de forma más optima de acuerdo a las prioridades sociales, en relación con sus asignaciones posibles y a la vez este sistema se hace más justo y moral porque obliga a satisfacer al cliente, en lugar del funcionario gubernamental.
Sabiendo bien, que las leyes naturales del mercado se expresan en leyes de la economía como ciencia: oferta y demanda, utilidad marginal, rendimiento decreciente de los factores, costos y beneficios; los éxitos o fracasos resultan de la decisiones, cotidianas o continuas, según el cálculo racional: trabajar o no; consumir, ahorrar o producir, asociarse o no, comprar la materia prima o insumo “x” o “y”; emplear el recurso “a” o “b” entre otros. Estas leyes naturales del mercado son determinadas por la conducta humana, animadas por el deseo natural de mejorar la propia condición satisfaciendo las necesidades propias de los particulares, y no de los funcionarios de gobiernos como suele suceder.
La integración latinoamericana no ha hecho aun liberación comercial, las listas de excepciones siempre son más extensas que los propios acuerdos, y esta es y ha sido la piedra de tropiezo de cualquier avance en materia de convenios de integración comercial que se haya concebido en toda América.
Se necesitan gobiernos fuertes pero limitado, limitado en fines y funciones: seguridad, justicia, obras públicas de infraestructuras, gasto y recursos indispensables para sus funciones y no más. Fuertes para decir no a cualquier género de presiones, garantizar los mercados libres, la propiedad privada, la libertad individual, por lo tanto se hace necesario cambiar el sistema de economía dirigida y controlada por los ciudadanos a economías de mercados abiertos y libres de impuestos arancelarios.
El estatismo y su legislación de leyes especiales interventoras de economía dirigida favorecen a los monopolios en los países miembros del Tratado de Montevideo, y estos monopolios, y oligopolios, atentan directamente contra los negocios, las empresas, el empleo y los ingresos reales de la población latinoamericana y su nivel de vida.
En fin, queda demostrado que la Asociación Latinoamericana de Integración de países bajo una Democracia Liberal, logrará los avances económicos, sociales, educativos, científicos y tecnológicos al que están llamados los latinoamericanos, sin los interés y entorpecimientos de los gobernantes del Estado hacia los asuntos partículas de los ciudadanos.